
La AEDV debe acompañar al dermatólogo desde el primer día de residencia y a lo largo de toda su vida profesional
Redacción
La inteligencia artificial (IA), la digitalización y la nueva relación con los pacientes son algunos de los factores que están favoreciendo a la evolución de la Dermatología. Para profundizar en ello y de la situación de los MIR en la especialidad, el Dr. Sergio Vañó, presidente de la European Hair Research Society y miembro de la junta directiva y candidato a la presidencia de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), ha hablado con iSanidad.
En este entrevista, el Dr. Vañó también ha abordado el papel que debe tener la AEDV para que proteja los intereses de los dermatólogos, independientemente del hospital en el que ejerzan, así como su candidatura a la presidencia de la AEDV.
Dermatología sigue siendo, año tras año, una de las primeras opciones en agotarse entre los números más altos del examen MIR. Más allá de la conciliación, ¿cuál considera que es el verdadero atractivo clínico y científico que tiene hoy la piel para que los médicos jóvenes la elijan con tanta determinación?La dermatología atrae tanto porque reúne, probablemente como pocas especialidades, tres cosas muy difíciles de encontrar juntas: una enorme sofisticación diagnóstica, un impacto clínico directo y una capacidad de innovación extraordinaria. La piel es un órgano visible, accesible y profundamente conectado con la medicina interna, la inmunología, la oncología, la cirugía, la genética, la infectología o la tecnología diagnóstica. Eso la convierte en una especialidad intelectualmente muy exigente y, al mismo tiempo, muy resolutiva.
“Un residente que entra en dermatología espera, ante todo, excelencia”
Además, hoy la dermatología ya no es solo una especialidad clínica clásica. Está entrando en una nueva fase, más compleja y decisiva, marcada por la revolución terapéutica, la digitalización, la inteligencia artificial, la imagen avanzada y una nueva relación con pacientes cada vez más informados y exigentes. Para un médico joven con ambición científica, vocación clínica y ganas de estar donde se juega el futuro de la medicina, la dermatología representa exactamente eso: frontera, amplitud y sentido.


Y hay algo más. La dermatología española tiene una tradición científica, docente y asistencial muy potente. Los residentes no solo eligen una especialidad; eligen formar parte de una comunidad médica de altísimo nivel. Nuestra responsabilidad ahora es estar a la altura de ese talento.
Usted propone una academia que no esté “desconectada” de sus miembros. ¿Qué cree que espera encontrar un residente MIR al entrar en la especialidad y qué papel debería jugar la AEDV para que ese talento joven se sienta representado desde el primer día?
Un residente que entra en dermatología espera, ante todo, excelencia. Pero no solo excelencia teórica. Espera orientación, oportunidades reales, referentes cercanos y un camino claro de crecimiento. Espera sentirse parte de una especialidad que no le dice “ya llegarás”, sino “desde hoy cuentas”.
Por eso yo creo que la AEDV debe acompañar al dermatólogo desde el primer día de residencia y a lo largo de toda su vida profesional. No puede limitarse a ser una institución que observa desde arriba. Tiene que ser una plataforma útil: que conecte talento, que abra puertas, que ordene la formación, que impulse la investigación, que facilite mentoría, movilidad, estancias, contacto entre centros y acceso a áreas estratégicas como cirugía, imagen, tecnología o estética médica dentro de marcos rigurosos.
“La dermatología está entrando en una nueva fase marcada por la revolución terapéutica, la digitalización y una nueva relación con pacientes cada vez más informados y exigentes”
Nosotros defendemos precisamente eso: un itinerario de excelencia MIR y post-MIR, programas de mentoría, rotaciones avaladas, apoyo a la transición laboral, becas, formación tecnológica avanzada y mayor participación joven en la vida real de la AEDV. No creemos en una academia ceremonial. Creemos en una academia construida con sus dermatólogos y para sus dermatólogos. Y si queremos que el mejor talento se quede, participe y lidere, tiene que sentirse escuchado, exigido y representado desde el principio.
Se habla de que la dermatología está en un punto de inflexión. Desde el punto de vista asistencial, ¿cuáles son los retos más urgentes que enfrenta el dermatólogo en su día a día clínico para mantener su autoridad médica frente a los cambios del sector?
El principal reto es que la complejidad de la dermatología está creciendo más rápido que las estructuras que deben sostenerla. Hoy el dermatólogo trabaja con más presión asistencial, más demanda, más exigencia diagnóstica, más terapias complejas, más competencia competencial y más ruido informativo que nunca.
En la práctica diaria eso se traduce en listas de espera, sobrecarga, riesgo de pérdida de competencias en áreas estratégicas, banalización de parte del acto dermatológico y una tensión constante entre excelencia clínica y limitaciones organizativas. A eso se suma un paciente hiperconectado, comparativo, con más información, pero no siempre mejor información. Mantener la autoridad médica en ese contexto no depende de hablar más alto. Depende de tener más ciencia, más estructura y más capacidad de respuesta.
Por eso defendemos que la AEDV debe reforzar al dermatólogo con herramientas concretas: observatorio del ejercicio profesional, modernización tecnológica, defensa técnica de competencias, posicionamiento institucional frente al intrusismo y frente a las especialidades barrera, y apoyo real a la dermatología pública y privada como partes de una misma especialidad. La autoridad no se decreta. Se construye. Y hoy se construye con excelencia, datos, organización y una voz institucional fuerte, rigurosa y coordinada.
“El dermatólogo trabaja con más presión asistencial, más demanda, más exigencia diagnóstica, más terapias complejas, más competencia competencial y más ruido informativo”
La inteligencia artificial y los nuevos avances terapéuticos están cambiando las reglas del juego. ¿Cómo debe liderar la dermatología española esta transformación tecnológica para que la innovación sea una herramienta de éxito y no una amenaza para el profesional?
La clave está en una idea muy simple: la tecnología debe fortalecer el liderazgo médico, no sustituirlo. La inteligencia artificial, la dermatoscopia digital, la ecografía cutánea, la teledermatología avanzada o las nuevas plataformas de datos no son una amenaza en sí mismas. La amenaza aparece cuando el dermatólogo llega tarde, cuando otros ocupan ese espacio o cuando la adopción tecnológica se hace sin criterio clínico, sin validación y sin estrategia.
España tiene capacidad para liderar esta transformación, pero para hacerlo necesita una AEDV que pase de reaccionar a anticiparse. Eso implica formar a los dermatólogos en tecnología avanzada, impulsar proyectos de innovación con base científica, facilitar entornos de aprendizaje y establecer marcos éticos y profesionales claros. No se trata de seguir modas, sino de gobernar el cambio.
Nuestro planteamiento va en esa línea: formación específica en inteligencia artificial aplicada a la práctica clínica, tecnología diagnóstica y teledermatología, impulso a la investigación, apoyo a proyectos estratégicos y conexión con centros y foros donde se está definiendo la dermatología del futuro.
“Hay dermatólogos en hospitales públicos, en práctica privada individual, en grupos, en entornos corporativos, en investigación, en docencia, en divulgación y en modelos mixtos”
Yo no concibo la innovación como una amenaza, sino como una oportunidad histórica. Pero solo será una oportunidad si la lideramos nosotros, con rigor, con ambición y con la convicción de que la última palabra debe seguir siendo médica.
Muchos dermatólogos compaginan hoy la sanidad pública con la privada. ¿De qué manera debe evolucionar la AEDV para ser una defensa activa y útil para el profesional en ambos escenarios, independientemente de dónde ejerza?
La primera evolución que necesita la AEDV es conceptual: entender de una vez que hay una sola dermatología. Una especialidad, un conocimiento, una identidad profesional y una academia que debe estar al servicio del dermatólogo ejerza donde ejerza.
La realidad actual es mucho más diversa que hace años. Hay dermatólogos en hospitales públicos, en práctica privada individual, en grupos, en entornos corporativos, en investigación, en docencia, en divulgación y en modelos mixtos. Una academia moderna no puede representar bien a la especialidad si solo entiende una parte de esa realidad.
Por eso proponemos una AEDV más útil y transversal: que defienda la dignidad asistencial y los recursos en la pública, pero también ayude al dermatólogo privado en gestión, estándares de calidad, asesoría legal, financiera y reputacional; que impulse un observatorio profesional con datos reales; que apoye la modernización tecnológica; que defienda la especialidad frente al intrusismo; y que acompañe al profesional en todas las etapas de su carrera.
“La amenaza aparece cuando el dermatólogo llega tarde, cuando otros ocupan ese espacio o cuando la adopción tecnológica se hace sin criterio clínico, sin validación y sin estrategia”
La academia debe dejar de ser solo un espacio científico y convertirse también en una plataforma profesional integral. Esa es nuestra visión: una AEDV que acompañe, proteja y potencie al dermatólogo desde el MIR hasta la jubilación, sin sesgos y sin compartimentos estancos.
Usted defiende una candidatura que busca “liderar el futuro de la especialidad”. Si logran construir esa “Nueva AEDV” participativa y abierta, ¿dónde visualiza posicionada a la dermatología española en el mapa internacional dentro de unos años?
Yo la visualizo donde creo sinceramente que le corresponde estar: entre los referentes internacionales de la especialidad. No por voluntarismo, sino por méritos, por conocimiento acumulado, por calidad formativa, por capacidad investigadora y por la singularidad de nuestro modelo, que combina una dermatología médica, quirúrgica, tecnológica y también una gran fortaleza en ámbitos como la estética, la imagen o la innovación clínica.
Pero ese lugar no se hereda. Se conquista. Y se conquista estando presentes en los foros donde se decide el futuro, generando conocimiento con dirección estratégica, impulsando talento joven, reforzando Actas y nuestra proyección científica, tejiendo alianzas internacionales y haciendo que la AEDV vuelva a ser, además de una gran sociedad científica nacional, una institución influyente fuera de nuestras fronteras.
La internacionalización no es un adorno. Es una obligación y una oportunidad. Sirve para atraer talento, proyectos, financiación, prestigio y capacidad de influencia. Y también para devolver todo eso a la dermatología española, tanto pública como privada.
En unos años me gustaría que se hablara de la dermatología española como una comunidad cohesionada, científicamente fuerte, tecnológicamente preparada y con voz propia en Europa y en el mundo. Ese es, para mí, el verdadero sentido de liderar el futuro.