de Nicaragua a R1 de Medicina del Trabajo en Valladolid

Fátima del Reino Iniesta
Mientras cientos de estudiantes celebraban el final del MIR entre pancartas, flores y abrazos, Carmen Calero Lezama caminaba sola hacia el metro de Madrid para volver a casa. «Quería salir corriendo para no llorar por no poder abrazar a mis padres», ha detallado. A más de 8.000 kilómetros de su familia, esta médica nicaragüense acababa de superar una de las pruebas más duras de su vida profesional.

«Soy de Nicaragua, tengo 30 años y voy a cumplir tres años viviendo en España. Toda mi familia está en mi país y vine sola precisamente para mejorar mi formación profesional como médico y especializarme», ha explicado a iSanidad. Hoy es R1 de medicina del trabajo en el Hospital Río Hortega de Valladolid, pero detrás de esa plaza hay una historia que resume la realidad de muchos médicos extranjeros: vocación, sacrificio personal y un examen MIR que pone a prueba tanto los conocimientos como la fortaleza emocional.

Prepararse el MIR sin academia

La residente optó por un camino poco habitual. «Mi preparación para el examen fue independiente, no me preparé con ninguna academia porque la mayoría son costosas y algunas no permiten el pago fraccionado». Además, ninguna se adaptaba a su jornada laboral. Obligada a compaginar empleo y estudio, diseñó su propio método. «Compré los manuales de una academia y me preparé sola; organizaba mi tiempo en función de mi trabajo y habitualmente dedicaba más tiempo los fines de semana», añade Carmen.

«Organizaba mi tiempo en función de mi trabajo y estudiaba más los fines de semana»

En la recta final intensificó el ritmo. «Los últimos dos meses fue un poco más intenso haciendo exámenes tipo test diariamente porque había visto en múltiples vídeos de academias que era bastante importante y es una de las claves fundamentales para la realización del MIR». Esa preparación, basada en la constancia más que en grandes recursos, marcaría también su forma de enfrentarse a la prueba.

La presión previa fue enorme. Sin embargo, su experiencia le dejó una enseñanza clara para futuros aspirantes: «A veces es mejor no presionarse. Si no estás seguro de una respuesta, es válido dejarla sin responder». En su opinión, «una pregunta sin responder que no te resta puede hacer mucha diferencia en la puntuación final».

El día del MIR: emoción, nervios y distancia

El MIR es una prueba académica, pero también un reto emocional. «Entre la emoción, los nervios y la melancolía de ver que muchos chicos iban con sus padres, hermanos y amigos. Me vi sola, fue bastante duro a nivel emocional». Dentro del aula, el contraste fue llamativo. «Muchos iban con subrayadores, comida y bebidas. Yo solo llevaba un pañuelo y un bolígrafo». Incluso llegó a cuestionarse si estaba preparada para las cuatro horas y media que dura el examen.

«Ver a todos con sus familias y yo estar sola fue bastante duro a nivel emocional»

Pese a todo, valora el resultado. «El MIR25 ha sido uno de los exámenes más difíciles de la historia; aunque no obtuve un puesto muy alto, me siento satisfecha y bendecida porque me permitió obtener mi plaza en la especialidad que quería». Para ella, Medicina del Trabajo es «una especialidad desconocida para muchos, pero con un futuro prometedor y que ofrece bastante calidad de vida».

La salida del examen fue otro momento agridulce. «Todos esperaban a los suyos con pancartas y flores y yo viendo qué línea de metro me llevaba más rápido a casa para no llorar por no poder abrazar a mis padres». Una vivencia que, subraya, pesa especialmente en los médicos extranjeros.

Homologación y visados: cuando los plazos sí se cumplen

El recorrido de Carmen no solo estuvo marcado por el estudio y la distancia familiar, sino también por la incertidumbre administrativa que acompaña a muchos médicos extranjeros. El proceso de homologación suele convertirse en una carrera de obstáculos, aunque en su caso fue distinto. «Mi homologación salió en cinco meses con el nuevo decreto; fui de las primeras personas a las que les salió en el tiempo que decían». Recuerda incluso la fecha exacta: 22 de mayo de 2023. Con asesoría legal, logró además regularizar su situación laboral casi en paralelo.

Carmen Calero Lezama cuando recibió su certificado de formación.

Esa experiencia personal condiciona su visión del sistema. Desde dentro, percibe cambios recientes en el acceso a la formación sanitaria especializada. «A partir de 2025 el sistema MIR es un poco más justo y brinda más oportunidades al médico extracomunitario, aunque aún hay camino por recorrer». En su hospital observa un síntoma de mejora: «Solo han renunciado dos personas de todos los que entramos este año». Para ella, este dato refleja que la mayoría ha podido elegir la especialidad que realmente quería.

En su caso, esa elección fue casi una revelación inesperada. En Nicaragua no existe la especialidad. «Ni yo misma sé por qué escogí esta especialidad; más bien creo que ella me eligió a mí». La descubrió en su primer trabajo en España como médica reconocedora, realizando reconocimientos médicos laborales dentro del ámbito de la medicina del trabajo, y empezó a investigar. Entonces encontró razones de peso: «Calidad de vida, remuneración según el ámbito profesional, tasa de paro prácticamente inexistente y relación directa con múltiples especialidades».

«Descubrí que ser médico no es solo estar frente a un paciente»

A la hora de elegir plaza, priorizó la cercanía a Madrid. Buscó ciudades próximas y Valladolid quedó entre sus opciones. «La plaza fue para mí en el Hospital Río Hortega, sin conocer la ciudad ni el hospital». Hoy, lejos de la incertidumbre inicial, se reafirma en su decisión y destaca el entorno profesional. «Mi tutora es muy atenta y con gran experiencia; mis compañeros son amables y he hecho excelentes amigos». La historia de Carmen resume la de muchos médicos que llegan solos a España, combinan trabajo y estudio y sostienen su vocación en contextos difíciles. Detrás de cada número del MIR hay historias personales que también forman parte del sistema sanitario.



Fuente: de Nicaragua a R1 de Medicina del Trabajo en Valladolid