La falta de supervisión y su inexperiencia ante situaciones críticas hacen de los MIR el «blanco fácil» de las agresiones

Así lo denuncia la Organización Médica Colegial (OMC) en su reciente informe sobre agresiones a médicos. El estudio señala que hay una gran incidencia de acciones violentas entre los menores de 35 años.

También, la Asociación MIR (AME) destaca que las agresiones son «una lacra», y que, de manera particular, los ataques a los residentes pueden ser más frecuentes.

«Son personas que entran de nuevo en el sistema. Son más vulnerables porque la supervisión es escasa. Y claro, hay ciertas situaciones que a lo mejor un médico facultativo, por la experiencia, puede ver cuándo la situación se complica», señala David Montes, vicepresidente de la AME, a este diario.

Montes también pone ejemplos concretos de circunstancias que se dan en estas situaciones: «Para llamar a seguridad o lo que sea, a alguien tan pequeño le cuesta mucho más gestionarlo», explica. 

La mayoría de las agresiones derivan de conflictos asistenciales, como la disconformidad con la atención médica, discrepancias ante una baja laboral o las exigencias injustificadas sobre recetas o informes médicos. 

El 48% de estos ataques procede del propio paciente, el 20% de un acompañante (familiar, amigo, pareja) y el 31% de los pacientes que vienen de urgencias.

«Los pacientes pagan su frustración con los facultativos que no tenemos culpa, por ejemplo, con las horas de espera. Aparte de en Atención Primaria, donde también suceden muchas agresiones, es en los servicios de urgencia», precisa Domingo Antonio Sánchez, representante nacional de Médicos Jóvenes de la OMC. 

El profesional también explica la mayor vulnerabilidad de los residentes. «Al final, los MIR están en primera línea de batalla porque son los que hacen el mayor número de guardias (seis al mes) por su programa formativo», precisa Sánchez.

Récord en médicos

Según denuncia la OMC, en 2025 se volvió a batir el récord de agresiones a médicos. Se comunicaron 879 frente a las 847 del año anterior.

El estudio arroja que el perfil mayoritario de los agredidos es el de una médica de Atención Primaria (en esta área se produce el 58,6% de estas acciones violentas). Ellas sufren el 63,7% de los ataques.

Aunque la violencia crece para ambos sexos, el incremento impacta de manera severa en las mujeres, a medida que año tras año aumenta el porcentaje de médicas colegiadas.

La mayoría de ataques son psicológicos (amenazas, coacciones, insultos y vejaciones). No obstante, en 2025 aumentaron sustancialmente las lesiones físicas (rozan casi el 20%) con un aumento del 73% respecto al año anterior.

Con todo, las cifras reflejan que las agresiones lejos de estabilizarse, siguen una tendencia ascendente.

Los últimos ejercicios se sitúan entre los más elevados de la serie histórica, destacando 2023 (769), 2024 (847) y 2025 (879). De hecho, en una década, un total de 9.000 agresiones.

Protección jurídica

El año pasado también se registró otro récord: las solicitudes de protección jurídica que ofrece la Fundación para la Protección Social de la OMC a los médicos agredidos a través de la mutua sanitaria AMA.

En 2025 se superó la barrera del centenar de profesionales (106) que han solicitado esta protección jurídica, «lo que pone de manifiesto el mayor conocimiento por parte de los profesionales de este tipo de servicios», señala la institución.

A pesar de que cada año no paran de aumentar las cifras, la mayoría de facultativos no denuncia gran parte de las agresiones que sufre.

«Es decir, los datos que tenemos sobre las actuales acciones violentas sólo son la punta del iceberg», indicó José María Rodríguez Vicente, secretario general de la OMC, durante la presentación del informe.

Solamente el 48,8% de las comunicadas llega a denunciarse formalmente ante las autoridades.

Tras la pandemia, la situación se ha cronificado y no hay nada más que verlo en las cifras. Por ello, la OMC reclama un plan nacional para frenar la violencia contra los médicos y el resto de los profesionales sanitarios.



Fuente: La falta de supervisión y su inexperiencia ante situaciones críticas hacen de los MIR el «blanco fácil» de las agresiones